Futerman, A. (2026). ¿Por qué un liberal debería apoyar a Israel? Estudios Libertarios, 5.

ALAN G. FUTERMAN*
El sábado 7 de octubre de 2023 miles de terroristas de la organización Islamista Hamas invadieron la frontera con el Estado de Israel desde la Franja de Gaza y perpetraron la peor masacre de judíos desde el Holocausto. Así, no solo asesinaron alrededor de 1,200 personas, hirieron otros miles, secuestraron a más de 200, y dispararon miles de cohetes contra la población civil israelí, sino que al hacerlo desplegaron un sadismo inédito incluso para su trayectoria criminal.
Aquel sábado, los terroristas de Hamas irrumpieron en un festival de música y en poblados y rutas al sur de Israel, y masacraron salvajemente a mujeres, adolescentes, niños, ancianos, hombres e incluso a mascotas. Torturaron a sus víctimas, prendieron fuego familias enteras, violaron mujeres, transmitieron sus asesinatos en las redes sociales de sus víctimas e intentaron destruir todo lo que encontraron a su paso.
Pero este atentado de enormes proporciones no es otra cosa que lo que Hamas mismo declaró como objetivo en su plataforma de 1988, cuyo fin último es la desaparición de Israel y la muerte de los judíos donde sea que estén, a quienes acusan de ser la fuente de todos los males. Esta organización genocida, creada en 1987 por seguidores de los Hermanos Musulmanes, y que es financiada y apoyada por Irán, Qatar y Turquía, es una fiel expresión del fundamentalismo islámico, que busca implantar un Califato y extenderlo a lo largo y ancho del planeta.
En 2005 Israel se retira unilateralmente de la Franja de Gaza luego de haberla tomado de manos egipcias al finalizar la Guerra de los Seis Días en 1967. Lo hace expulsando a miles de sus propios ciudadanos con el fin de que los árabes palestinos comiencen a construir su estado. Luego de que estos últimos votaran a Hamas en 2006, se desata en 2007 una sangrienta guerra civil entre este y la Autoridad Nacional Palestina. Así, Hamas logra tomar el control total sobre la franja y establecer un régimen teocrático y totalitario que reprime todas las libertades.
Desde entonces, Hamas no ha cesado de atacar a Israel a través del disparo de miles de cohetes contra su población civil y otras agresiones, por lo que las Fuerzas de Defensa de Israel han debido realizar variadas operaciones defensivas para repelerlos a lo largo de los últimos casi 20 años. La organización terrorista (en efecto el gobierno de Gaza), delegando la provisión de educación y salud en organismos como UNRWA y otras ONGs, se enfocó en agredir a Israel construyendo sus bases y su masiva red de túneles en zonas civiles y realizando los disparos de sus cohetes desde áreas densamente pobladas (incluyendo hospitales, mezquitas, escuelas, edificios residenciales, etc.) con el fin de utilizar a su propia población como escudos humanos. Aun así, aproximadamente 20,000 árabes palestinos de Gaza tenían permisos de trabajo en Israel hasta el 7 de octubre, del que se beneficiaban económicamente más de 100,000 gazatíes. A su vez, el “bloqueo” que los antisionistas denuncian que Israel imponía era armamentístico (a la luz de los acontecimientos sin demasiado éxito), y no de bienes. Es posible hoy ver como la propaganda antisionista presenta la Gaza pre-7 de octubre como un vergel cuando con frecuencia se referían antes a ella como un “campo de concentración a cielo abierto.”
Hamas dispara deliberadamente a civiles desde zonas civiles. Por esto, Israel toma todas las medidas a su alcance (desde arrojar cientos de miles de panfletos a enviar millones de mensajes de texto) para advertir a la población civil que se alejen de los lugares desde dónde Hamas ataca con el fin de minimizar las bajas de civiles en su accionar defensivo. La operación criminal de Hamas se multiplica no solo al atacar deliberadamente civiles israelíes sino también al promover la mayor cantidad de víctimas civiles entre su propia población para utilizarlos como propaganda contra Israel. Hamas sabe perfectamente que la verdadera guerra que libra no es la militar, que nunca podrá ganar, sino la mediática, con el fin de promover la deslegitimación no solo del accionar defensivo de Israel sino de su mera existencia.
Para ello, explota vilmente las bajas civiles fruto de su accionar criminal con el fin de fabricar acusaciones que pretenden demonizar al Estado Judío. Desde el cargo de “genocidio,” al de “hambruna,” al de “limpieza étnica,” Hamas y aquellos que lo apoyan promueven la demonización de Israel en medios, universidades, organismos internacionales, y ONGs. Naturalmente, estos cargos son inmunes a la evidencia que los refuta, puesto que se promueven no solo cuando Israel se defiende, sino antes de que lo haga. El cargo de “genocidio” contra Israel por caso podía escucharse en las calles de las principales ciudades de Occidente cuando turbas antisionistas se lanzaron a festejar la masacre de Hamas el mismo 7 de octubre.
Pero no solo Hamas atacó a Israel desde esa fatídica fecha. También así lo ha hecho el grupo terrorista Hezbollah disparando cohetes incesantemente desde el sur del Líbano, arrasando con poblados del norte de Israel y forzando un desplazamiento de decenas de miles de ciudadanos israelíes de esas zonas hacia el centro del país buscando refugio (así como lo hicieron también otras decenas de miles de los poblados cercanos a Gaza). A este se sumaron los Huthies del Yemen disparando misiles y drones contra civiles israelíes, y la propia República Islámica de Irán (quién está detrás de toda la agresión) se sumó a la escalada contra Israel disparando misiles balísticos. Como si ello fuera poco, grupos islamistas en Judea y Samaria también se sumaron a planificar ataques contra israelíes, y otros grupos terroristas en Iraq y Siria siguieron el mismo patrón. En concreto, Israel enfrenta una guerra en 7 frentes.
Ante este escenario surge una pregunta cuya respuesta debería ser obvia: ¿Del lado de quién debería estar un liberal? La respuesta, que resulta evidente a cualquiera que no se encuentre hipnotizado por la batería de mentiras que han infectado la mente de muchos, es la de apoyar resueltamente al Estado Judío. Siquiera plantear que alguien que suscriba al liberalismo en cualquiera de sus variantes puede apoyar a regímenes o grupos que defienden un sistema totalitario basado en una interpretación fanática de una religión y su imposición forzosa al resto del planeta resulta tan absurdo que parecería un mal chiste. Sin embargo, no pocos liberales se han dejado seducir por la idea falsa de un pueblo palestino que está buscando su libertad contra el opresor israelí, que supuestamente no solo los ha expropiado sino también expulsado. El problema no es que no exista un estado palestino, sino que existe el Estado de Israel.
La pregunta de qué clase de sistema político existiría en el estado árabe palestino que supuestamente se busca formar nunca se formula. La razón es simple: Quienes pretenden defender la causa palestina no están interesados en la construcción de ninguna sociedad, sino de la destrucción de la israelí. Esa es la razón por la cual los datos de la realidad nunca afectan la postura antisionista. Baste observar el régimen totalitario que imperaba en la Franja de Gaza pre-7 de octubre para tener una idea de lo que significaría un Estado Palestino y cuan cercano (de hecho, en las antípodas) sería al ideal del liberalismo.
Nunca existió un estado árabe palestino independiente en el área. Palestina (que incluye lo que hoy es Jordania) es el término histórico para definir una región ambigua del Medio Oriente, no un estado nación concreto o un pueblo específico. Judíos mantuvieron una presencia en la tierra de Israel por 2,000 años con excepción de períodos donde fueron masacrados (como las Cruzadas), y nunca abandonaron su deseo de reconstituir su país. Las olas migratorias hacia la tierra de Israel por parte de judíos a fines del Sigo XIX no significaron la expropiación ni la expulsión de nadie, sino la construcción y el renacimiento de una tierra mayormente despoblada y subdesarrollada casi en su totalidad. Decenas de miles de los árabes que luego se denominarían palestinos emigraron a la tierra de Israel en las primeras décadas del siglo XX producto del renacer que trajo el Sionismo a una otrora desolada tierra.
Cinco estados árabes lanzaron una guerra genocida sobre la comunidad judía de la tierra de Israel en 1948 y perdieron. La mayoría de los árabes de la zona huyeron fruto del miedo a la guerra (una gran parte hacia la propia Franja de Gaza, y Judea y Samaria, es decir, dentro de Palestina), mientras alrededor de un millón de judíos fueron expropiados y expulsados progresivamente a lo largo del Medio Oriente de lugares donde existían comunidades milenarias. Rara vez se habla de estos últimos refugiados porque gran parte de ellos rehicieron su vida en Israel, que surgió como un refugio para millones de judíos perseguidos. A la vez, los árabes refugiados producto de la guerra de 1948, que sus propios líderes iniciaron, fueron condenados por estos últimos a mantenerse como refugiados in aeternum con el objetivo de deslegitimar a Israel. Cuando Israel nace en 1948 los palestinos judíos pasan a conocerse como israelíes, mientras (especialmente luego de 1967), los árabes palestinos pasan a conocerse simplemente como palestinos.
Estos simples hechos históricos son ignorados o tergiversados, mientras otras mentiras cuelan en el discurso antisionista. “Limpieza étnica”? Pero el 20% de los ciudadanos israelíes son árabes con plenos derechos al igual que los judíos. ¿Estado “Apartheid”? Israel es un país con un sistema político liberal dónde existe la división de poderes y rige el estado de derecho, tal que un árabe musulmán (Khaled Kabub) es juez de la Corte Suprema de Justicia. Más aun, Israel tiene congresistas que suscriben y vociferan incluso las mismas acusaciones absurdas de sus pares antisionistas en los campus universitarios de Europa y Estados Unidos, desde su parlamento. Podríamos continuar, pero ningun hecho puede refutar aquello que es por naturaleza infalsable. Por ejemplo, Israel es el único país de Medio Oriente dónde las minorías sexuales pueden existir libremente, pero según el antisionista esto es una forma de “pinkwashing”. Como se lo mire, Israel siempre estará del lado del mal. El antisionismo no es un movimiento que se base en argumentos o teorías que arriban a la conclusión de que Israel debe desaparecer, sino que es un movimiento de odio que parte de la base de que Israel debe desaparecer y por lo tanto hace uso de cualquier mentira y argumento del que pueda tomarse.
Ciertamente, un liberal no podría más que estar maravillado por Israel. Un país construido en las más difíciles circunstancias, asediado y atacado en múltiples frentes a lo largo de su corta pero intensa historia, y aun así un ejemplo vibrante de capitalismo empresarial, innovación, resiliencia e instituciones republicanas. No hace falta enumerar los numerosos logros en materias de ciencias, artes, y empresarialidad que han sido expuestos en diversos trabajos sobre la Start Up Nation. Todo ello es ignorado por el antisionista, porque no busca construir nada, sino destruirlo todo. ¿Es el accionar israelí perfecto? Por supuesto que no, ninguna obra humana lo es ni podría serlo. Pero el antisionista no plantea solo que el accionar israelí sea malvado, sino que su mera existencia lo es. He allí la diferencia.
Algunos libertarios (especialmente norteamericanos) odian a Israel como consecuencia de su odio principal dirigido a Estados Unidos. Su punto de vista es que este es la fuente de todos los males e Israel, al ser un aliado de Estados Unidos, es otro mal. Paradójicamente piensan lo mismo que, por ejemplo, Irán cuando se refiere a Israel como el “pequeño Satán” y a Estados Unidos como el “grán Satán.” La realidad es que el problema de fondo es que ser liberal no es primariamente estar en contra del gobierno, sino a favor de la libertad. Este es el enfoque que permite medir los grados de libertad permitidos en las distintas sociedades reales del planeta tierra y analizarlas comparativamente. Asumir que las sociedades que más libertades permiten en el mundo son aquellas que más facilitan los males del mundo no solo resulta obtuso, sino que constituye un apoyo implícito a los proyectos tiránicos a los que que se supone estos libertarios afirman oponerse. En el mejor de los casos son cínicos idiotas útiles de los peores tiranos y en el peor son sus aliados explícitos.
Frente a teocracias totalitarias y represoras, un liberal no puede más que apoyar a la única sociedad verdaderamente libre de Medio Oriente: Israel. Recordemos siempre que el primer objetivo de Hamas, al igual que el de sus aliados, es el de destruir Israel. Pero no finaliza allí. Continuarían su camino de destrucción hacia el resto de Occidente. Aquellos libertarios que suponen que con la desaparición de Israel se encontrarán con el paraíso anarcocapitalista deberían pensarselo dos veces. O, mejor aun, intentar observar hoy donde están las voces que representan la filosofía que ellos supuestamente defienden en los regímenes que consideran mejores que las sociedades libres de Occidente. Si se dignaran a ver, observarían que los libertarios en esos regímenes se encuentran en el mismo lugar que los judíos en el mundo árabe post-1948: en ningún lado. Y que el mismo destino les espera a ellos si se cumplieran sus deseos.
Pero, así como el mal no triunfa, tampoco lo hará en este caso. Israel vencerá y Occidente prevalecerá, mal que le pese a los tiranos, islamistas, antisionistas, y libertarios confundidos. La paz entonces comenzará a arribar una vez que Israel alcance la victoria, y efectivamente Palestina sea libre: de Hamas.
* Alan Futerman es candidato a Doctor en Economía Política (King´s College de Londres). Es licenciado en Economía por la UCEL (Argentina) y tiene un máster en Finanzas por la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina). Ha sido profesor adjunto de Economía Institucional y sus trabajos se han publicado en distintas revistas científicas y medios especializados.