El libertarismo es una rama de la filosofía política que sostiene que los conflictos sociales pueden resolverse o evitarse si se respetara el Principio de No Agresión (PNA), el cual establece que ningún individuo tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza contra la persona o la legítima propiedad de otro, ni siquiera a través de amenazas, sin su consentimiento. Así, la única violencia legítima es aquella ejercida en defensa propia.
Defendemos una visión purista del libertarismo, conocida por algunos autores como «thin libertarianism», que reconoce que ésta NO es una filosofía moral o estética completa y que, por lo tanto, no busca promover ningún estilo de vida específico. Como puristas, nos centramos únicamente en el Principio de No Agresión, sin adentrarnos en cuestiones éticas o culturales más amplias.
Cuestiones como los gustos personales, las actitudes hacia ciertos grupos, los estilos de vida, la orientación sexual o las creencias religiosas pertenecen a la esfera individual y el libertarismo no tiene nada que decir con respecto a ellas. Por esta razón, no consideramos que para ser libertario sea necesario adoptar posturas conservadoras (como la promoción de la familia tradicional o la oposición a la ideología de género) ni progresistas (como la promoción de modelos alternativos de familia o la ideología de género).
La estrategia libertaria
La estrategia libertaria se basa en nuestra firme convicción en el Principio de No Agresión, lo que nos lleva a adoptar una postura crítica hacia quien es en la actualidad su mayor transgresor: el Estado. Creemos que es fundamental combatir su poder mediante una “combinación de todas las formas de lucha”, empleando todos los medios posibles y trabajando en el corto, mediano y largo plazo para promover sociedades más libres.
Corto plazo:
Emancipación personal. Podemos contrarrestar la influencia que ejerce el Estado sobre nuestras vidas a partir de estrategias como las siguientes:
- Escapar de su poder territorial, adoptando un estilo de vida internacional que implique vivir e invertir en varios países, poseer varias nacionalidades y poder renunciar a ellas cuando se estime conveniente. Al movernos por el globo, el Estado no podrá manipularnos tan fácil.
- Emprendiendo y alcanzando la libertad financiera, con lo cual se disminuye cualquier potencial dependencia de la ayuda estatal.
Educación. Rothbard decía que el principal mecanismo de difusión de las ideas de la libertad es la educación. Actualmente, ocho de cada diez personas alrededor del mundo comparten los principios del socialismo (en cualquiera de sus vertientes) debido al intenso trabajo pedagógico de sus teóricos.
Es necesario enviar el mensaje a todas las personas, sin distinción alguna, sobre la naturaleza perversa del Estado y los beneficios de una sociedad libre. En el proceso es importante tener en mente las ideas de Mises sobre la persuasión, frente a la violencia, y de Leonard E. Read sobre el liderazgo positivo.
Mediano plazo:
Sociedades de derecho privado. Alrededor del mundo han surgido proyectos que ofrecen una alternativa frente al Estado-Nación clásico, como las phyles, de Doug Casey, las ciudades chárter y ciudades privadas, o la secesión territorial, como la consagrada en la Constitución del Principado de Liechtenstein, que permite la separación voluntaria de sus municipios. Es necesario rescatar y multiplicar todas estas iniciativas en nombre de la libertad.
Largo plazo:
Cambio político. Es posible y deseable un cambio de dirección en las políticas públicas, promoviendo la libertad y reduciendo el poder del Estado desde adentro. Consideramos que los libertarios no debemos cerrarnos a la posibilidad del cambio político. Un ejemplo exitoso de ello lo encontramos en Argentina, con Javier Milei, quien se ha convertido en el primer gobernante (electo) libertario de la Historia. Sin embargo, es importante destacar que en este journal nunca apoyaremos a ningún candidato ni nos alinearemos con ningún partido político. Adoptamos una postura apartidista, pero nunca de neutralidad.
La tecnología. Es posible que la derrota definitiva del Estado la propine el avance tecnológico. La civilización humana avanza cada vez más hacia un grado de complejidad sin precedentes que terminará por absorber al Estado.